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viernes, 28 de diciembre de 2012

ni derecha ni izquierda

Izquierda y derecha en política



Angel Rodríguez Kauth





Los conceptos de izquierda y derecha -nacidos con la Revolución Francesa- como analizadores de la posición política, luego de dos siglos han caído en una franca confusión de sus referentes. Tanto la izquierda tradicional, que pretende moderar su discurso para ser aceptable por los sectores medios y altos del electorado, como la derecha histórica que ha lavado sus textos en una suerte de populismo para lograr adeptos entre el proletariado. La contemporaneidad puede observar de qué manera se están traslapando los discursos y se hace muy difícil poder discernir quien está a la diestra de quien, a la par que la clásica siniestra se ha mimetizado con los discursos de la derecha.

1. LA CONFUSION DE LAS IDEAS EN LA MISERIA DE LAS IDEAS

En una rápida y breve historia de la participación política, es posible señalar qué, en el Antiguo Régimen, el número de personas que procuraban ocupar el poder político o, al menos orientarlo, estaba limitado a los círculos palaciegos. Desde de la Revolución Francesa no cesa de aumentar el número de personas que pretenden designar a los gobernantes y determinar lo que sea el bien común. El proceso de crecimiento culmina en el primer cuarto del siglo XX con el permanente acceso de las masas a la política. Se trató de una participación alterada por las manipulaciones de la opinión y por las técnicas representativas, muchas veces engañadoras; pero, estafadas o no, las sociedades se politizaron, es decir, se fragmentaron en posiciones colectivas ante la cosa pública. Incluso, los más alejados del ágora, en su intimidad, toman partido. En la actualidad se observa una paradoja, mientras la inmensa masa de la población considera a la participación política como una perversión, ocurre un hecho paradojalmente curioso. Ante posibles elecciones abiertas o, con el "sistema de lemas", presentan su candidatura hasta uno de cada 30 ciudadanos en condiciones de inscribirse (1).

Recordando una cita de C. Marx (1847), que dice: "... que mientras en la vida vulgar y corriente todo tendero sabe perfectamente distinguir entre lo que alguien dice ser y lo que realmente es, nuestra historiografía no ha logrado todavía penetrar en un conocimiento tan trivial como éste. Cree a cada época por su palabra, por lo que ella dice acerca de sí misma y lo que se figura ser". En la actualidad, no sólo la historiografía cae en ese dislate de ingenuidad intelectual, sino que también lo hacen los pueblos y los politólogos (2).

Para estimular adhesiones, los partidos afirman valores propios, a la vez que se los niegan a sus adversarios. Los respectivos portavoces y clientelas multiplican las consignas de los líderes, tanto estas sean críticas o apologéticas. En el último tercio del siglo XX fue difícil encontrar un ciudadano occidental que no contemple su política nacional como un enfrentamiento de valores y contravalores, o sea, en términos morales de buenos y malos, una relación de antagonismo y agonismo. Ese talante tan generalizado, y no carente de fundamento, afecta también a los politólogos, que tienden a explicar la dicotomía derecha e izquierda con tácitos o expresos juicios de valor, por ejemplo, el comunismo es terror, el capitalismo es explotación. Asimismo, tanto para los definidos como de "derechas", como para los del anodino "centro", las izquierdas son materialistas y ellos son idealistas. Lo mismo ocurre a la inversa. Y ambos tienen razón, la izquierda es materialista por definición, aunque no por ello sus planteos no estén rebalsados de utopías. De la misma manera, la derecha puede ser definida como idealista a partir de su asociación con poderes sobrenaturales, aunque a nadie en su sano juicio le costaría reconocer que el pragmatismo con que se rodea no es una forma de expresión materialista en el orden de la generación de bienes financieros y económicos. Es decir, derechas e izquierdas no tienen la exclusión de los atributos "idealista" y "materialista", en tanto y cuanto cualquiera de las dos expresiones políticas hacen uso -y abuso- de tales características y, además, todo depende de cómo sean definidas previamente, ya que cada uno de esos atributos pueden ser leídos de diferente manera por distintos filósofos políticos.

A fin de poder enfocar el tema desde una perspectiva no ya neutral (3), sino solo con pretensión empírica, hay que proceder a una "metanoia" intelectual, a una renuncia a los sentimientos habituales y a los prejuicios arraigados a fin de interpretar los datos y elaborar una tipología política estrictamente racional. Hay, en suma, que situarse en un nivel cero de emotividad y partidismo. Si no se logra el giro mental de considerarse metódicamente sin compromiso, será imposible abordar la delimitación de la derecha y de la izquierda políticas sin caer en alguna forma de loa o de diatriba. ¿Cómo caracterizaría hoy a la derecha y a la izquierda un puro logos desencarnado, científico?. Esa es la ardua meta intelectual.

El siglo XXI encuentra al mundo en un vacío de ideas, y no como consecuencia de las predicciones de Fukuyama (1990). Es que pareciera que las ideas se han convertido en miserables. Hechos y no palabras, pareciera ser la consigna del momento. No se sabe muy bien si lo que impera es la ideología de la miseria (Proudhon, 1846), o la miseria de las ideologías (Marx, 1847).

2. ORIGEN OCASIONAL

La derecha y la izquierda, generalmente referidas a la orientación de la mano, son términos anatómicos de gran precisión, puesto que el punto de referencia, que es el cuerpo, permanece en una posición determinada. Cuando afirmamos de alguien que es diestro o zurdo no hay duda alguna acerca del significado. Cuando la acepción es trasladada a otros ámbitos significativos, la derecha y la izquierda pierden su valor absoluto, se convierten en nociones relativas al observador. Así se produce la clásica tergiversación del viandante que pregunta por una dirección, y su interlocutor frontal califica como derecha lo que para el demandante es todo lo contrario, porque es un lugar situado a su izquierda. La geografía desecha una terminología tan confusa y la sustituye por la más precisa de los puntos cardinales.

La distinción entre izquierdas y derechas se aplicó, por primera vez a la política, en la Francia revolucionaria. La Asamblea Constituyente, inició sus trabajos en 1792. Los diputados se hallaban divididos en dos grupos enfrentados: el de la Gironda, que se situó a la derecha del Presidente, y el de la Montaña, que se situó a la izquierda. En el centro tomó asiento una masa indiferenciada a la que se designó como el Llano -o la Marisma-. Los girondinos deseaban restaurar la legalidad y el orden monárquico, mientras que La Montaña propugnaba un estado revolucionario, el cual, después de anular a los girondinos, desembocaría en lo que se conoció -lamentablemente, aunque con justicia- como el Terror. Así se produjo una identificación de la izquierda con la radicalización revolucionaria que, al grito de "Libertad, Igualdad y Fraternidad", desencadenaría una etapa de utopías y ferocidad que sólo lograría detener el golpe de Estado de Bonaparte. Los implacables Robespierre, Danton y Marat fueron los caudillos y los definidores del primer partido político francés que se situó a la izquierda.

3. SIGNIFICACION EQUIVOCA

Dos siglos transcurrieron desde la Convención hasta hoy y, sin embargo, ni la derecha ni la izquierda política logran dotarse de contenidos pragmáticos continuos y relativamente estables. Por ejemplo, los liberales eran la izquierda en tiempos de Organización Nacional, y son la derecha en tiempos del menemismo. En Europa, la derecha era nacionalista hasta la II Guerra Mundial; pero poco después creó la Unión Europea, máximo exponente contemporáneo de la superación del Estado nacional. Objetivo éste último auspiciado desde el siglo XIX por el internacionalismo socialista, aunque llegado el momento no participó de los fastos de creación de tal organización transnacional.

La historia política muestra que los programas de la derecha y de la izquierda evolucionan de manera rotunda y, a veces, errática. Quizás el caso más elocuente sea la actual adhesión a la economía de mercado por parte de los contemporáneos comunismos reciclados, antes prototipos del intervencionismo estatal absoluto hasta llegar a convertirse en un capitalismo de Estado en la ex Unión Soviética.

Una evolución más lenta, pero paralela, fue la de las socialdemocracias desde la escisión de la Internacional Socialista. Sin salir de los límites de un país como Gran Bretaña, la izquierda laborista del estatista Premier Attlee, apenas sería reconocible en el actual gobierno del privatista Blair: el socialismo de éste hubiera sido considerado derechista hace sólo medio siglo. El peronismo, en Argentina, fue estatista -aunque derechista- de la mano de Perón, aunque en la actualidad alcanzó la cumbre -con la conducción del menemismo- de las privatizaciones. Es evidente, entonces, si abundáramos en más ejemplos obvios, que los cambios copernicanos de programas políticos no conocen fronteras. La derecha y la izquierda políticas carecen de contenido estable a escala universal y también nacional; son tan relativas como en geometría. Otro ejemplo. Durante la Cumbre de la Internacional Socialista (¿ ?) realizada en Buenos Aires -junio de 1999- se tuvo oportunidad de asistir, atónitamente, a la definición, por parte de variados líderes socialdemócratas, de la "tercera vía" propuesta tanto por el laborismo británico y los socialismos francés y alemán, como que "... apoyamos una economía de mercado, no una sociedad de mercado", es decir, una disociación -economía y sociedad, a la cual M. Weber (1944) no las veía como separadas- difícil de comprender más allá de la retórica fácil de los discursos huecos. Y más difícil aún, proviniendo de dirigentes de la socialdemocracia internacional, que si bien nunca se han mostrado como revolucionarios plenos, al menos han sido tibiamente progresistas.

Los dinamismos, a veces pendulares, de los programas partidistas impiden una caracterización general de la derecha y la izquierda; su descripción ha de ser coyuntural para un lugar y un tiempo. Tal historicismo inutiliza a los términos como permanentes categorías politológicas.

En suma, la distinción entre derechas e izquierdas políticas es más histórica que lógica y, consecuentemente, tiene un valor nominal, un contenido cambiante, una significación ocasional, y no es una terminología hermenéutica invariable para exponer la historia de la teoría y de la praxis políticas, ni siquiera en la edad contemporánea.

4. EL COMPLEJO DE INFERIORIDAD

En numerosas lenguas el vocablo que designa a la izquierda anatómica ha padecido connotaciones negativas. Hay culturas donde la mano izquierda está reservada para menesteres indignos. La condición de zurdo ha sido considerada como una anomalía y una presunción axiológicamente desfavorable. El término latino siniestro adquiere en la prosa contemporánea una significación moralmente negativa, que es la preferentemente heredada por algunas lenguas romances y entre ellas, por el español, donde prevalece la acepción de perverso, oculto, para lo siniestro (Falcón, 1997); quizás sea esa la razón de que se fuera imponiendo el eufemismo "izquierda".

A pesar de tan adversa tradición semántica, los posthegelianos reivindicaron su condición de izquierdistas. Y en Francia, los herederos de la Revolución procedieron a una progresiva dignificación del izquierdismo: "la gauche divine", tarea a la que se incorporaron diferentes socialismos, incluido el marxista. En la guerra de las palabras y de las ideologías, los autodenominados "progresistas" descalifican a los tachados de derechistas como reaccionarios, defensores de privilegios inicuos, y adversarios de la justicia social. Llegados a este extremo, cercano a lo satánico, algunos acusados empezaron a rechazar la condición de derechistas para adoptar otras denominaciones -aún no totalmente desprestigiadas- por la ofensiva retórica de sus adversarios: conservadores, populistas, democristianos, centristas, etc.

Así se ha llegado a la situación actual, que es la desaparición de la denominación "derecha" en la nomenclatura de los partidos políticos. Pero la cuestión no es sólo nominal: el complejo de inferioridad moral que los socialismos consiguieron inocular a sus oponentes llevó a estos a posiciones izquierdistas en lo que consideraron marginal al modelo de libre mercado, como en el plano de la cultura exquisita.

De tal forma se ha arribado a la paradójica situación actual: hay centro, izquierda y extrema izquierda; pero nadie se dice de derecha. Esto es una especie de hemiplejía política. Y, además, aparece la paranoica huida de los liberales hacia un supuesto centro para escapar de la proscripción verbal dictada desde la izquierda. Una primera aproximación a la definición de la derecha sería la posición política en la que nadie quiere ser situado. Claro que si esta fase dialéctica concluyera con la total desaparición de la derecha nominal, empezaría otra similar contra el centrismo como derecha vergonzante o encubierta. Es la humillación de cambios de nombre, hipocresías, enmascaramientos, concesiones y entregas a que se condenan quienes padecen esto que se puede definir como complejo de inferioridad política de identificación.

Es posible ilustrar esto en la Argentina actual -1999- dónde con un gobierno -menemismo- extremadamente liberal en lo económico y con un absoluto corrimiento del Estado de su obligaciones legales (Rodriguez Kauth, Del Estado...), no exista organización política alguna que se defina como de derecha. Ni aun la del propio ex Ministro D. Cavallo, quien fue el numen de las privatizaciones durante su gestión como funcionario del menemismo.

5. UNA LECTURA COMPARATIVA

A pesar del escepticismo de muchos politólogos tanto los periodistas como los políticos siguen utilizando la vieja distinción de izquierdas y derechas. Resulta difícil pensar que todos manejen un comodín equívoco, en todo caso, lo que utilizan es una reducción simplista; ya que se trata de términos relativos, y por lo tanto, históricos. Tanto las derechas como las izquierdas no han mantenido un contenido unívoco y estable. Ha sido superada la distinción entre las derechas e izquierdas de 1850, de 1900 o de 1950; pero, con significado distinto, subsisten en el año 2000. Periódicamente aparecen ensayos para delimitar los campos e -incluso- para salvar los contenidos de algún tiempo pasado. Asimismo, Del Río (1999) considera que en las dos últimas décadas la distinción entre derechas e izquierdas políticas se ha visto complicada en lo que se refiere a políticas gubernamentales. La izquierda como campo político, social e ideológico está más viva en Francia que en España o Alemania.

A continuación, intentaré desarrollar una suerte de diferenciación de ambos espectros y cómo los mismos terminan por confundirse.

a) Desde una caracterización racional, la izquierda sería un paradigma racionalista; mientras que la derecha se ubicaría del margen pragmático. Esto se apoya en que, desde Marx, la producción teórica de la izquierda ha sido mucho más voluminosa y compartida por mayor número de intelectuales que la de la derecha, a la cual se la puede considerar pobre de contenidos ideacionales. Pero, una mayor masa de bibliografía y de académicos no implica necesariamente mayor densidad racional.

Las derechas, en sus diversas versiones, siempre han contado con doctrinarios básicamente racionalizadores. Un ejemplo de esto último ha sido A. Smith (1784).

Se suele argumentar en contra de la superioridad racional de la izquierda que, durante la época de dominación comunista en Moscú, la producción intelectual surgida de los espacios geográficos dominados por aquellos, fue simplemente una retahíla de obsecuencias. Sin embargo, esto carece de valor cuando se piensa en autores marxistas críticos que llevaron adelante una prolífica obra de esclarecimiento político y social no dogmático. Caso semejante ocurre con los panegiristas de la derecha durante sus "reinados" (p. ej.: K. Schmitt en Alemania y B. Croce en Italia).

b) También se ha sostenido lo contrario, o sea, que la izquierda se ha desarrollado sobre la emotividad, y la derecha sobre la racionalidad. Esta interpretación se apoya en el hecho de que las políticas igualitarias del socialismo arraigan en la envidia y hasta en el resentimiento, mientras que -sostiene la derecha- la meritocracia se fundamenta en algo tan razonable como la jerarquización de valores. Pero esta exégesis explica únicamente una etapa, no todas. El liberalismo, que fue la izquierda a mediados del siglo XIX, era una construcción teórica, que no se fundaba en demagogias emotivas; en cambio, aquélla derecha confesional de la época se sostenía en sentimientos religiosos.

c) Una variante de esta distinción formal, que ya deja de ser tal pues se presenta cargada de contenidos, es la que identifica a la derecha con fideísmo y confesionalismo, y a la izquierda con secularismo y laicismo. Según esta clave, Aristóteles, que no creía en ninguna religión, sería un doctrinario izquierdista. Pero es que, además, siempre ha existido una derecha agnóstica: en Francia la que arranca del positivismo comtiano y pasa por Maurras; en España la de tantos moderados como Mon, Giner, Costa u Ortega; en Argentina L. Lugones sería el paradigma de tal fenómeno. En cambio, existe una izquierda mitológica como la jacobina que implanta el culto a la diosa razón, entronizada solemnemente en la catedral de París, o como el marxismo que se convierte en nueva fe con su libro revelado, su profeta, sus fanáticos, sus autores prohibidos, sus iconos, sus misioneros, sus anatemas, sus autos de fe e incluso su cuerpo incorrupto. Las guerras de religión, que subsisten ya no en la India o Líbano, sino en los inmediatos Balcanes ¿serían sólo entre derechistas?. Es absurdo afirmarlo. La apelación política a lo divino se remonta a los orígenes de la Humanidad y, la experiencia, demuestra que hay derechistas e izquierdistas incrédulos y creyentes. Que una parte de la izquierda política contemporánea fuera laica no permite la generalización, ya que, por ejemplo, Latinoamérica observa absorta los coqueteos de la izquierda con la llamada teología de la liberación, como una estrategia oportunista de recuperar espacios perdidos entre las masas (Ferrater Mora, 1971, Rodriguez Kauth, 1993).

d) Otra variante de la distinción formal es identificar a la izquierda con la utopía y a la derecha con el realismo. Si por utopía se entiende lo absolutamente imposible, la connotación será negativa y descalificadora, puesto que la política es el arte de lo realizable. Pero si por utópico se entiende una orientación ideal al que efectivamente cabe aproximarse, los hechos no confirman que las derechas políticas hayan carecido de ideales, más bien al contrario, aunque los mismos no sean -para mí- valiosos. Por ejemplo, las derechas confesionales, se han propuesto metas morales cuyo término, por definición, es un bien sumo al que cabe acercarse sin rebasarlo jamás. En todo objetivo ético hay un extremo que funciona como un límite, es decir, como un punto que está siempre más allá de todos los de la serie infinita a la que pertenece. Si bien es cierto, los idealismos no son monopolio de la izquierda ni de la derecha política, sin embargo, se puede afirmar que la izquierda levanta ideales altruistas y de solidaridad que no se encuentran en los idearios de la derecha, por la sencilla razón de que ésta es egoísta y eminentemente pragmática.

6. UNA LECTURA DESDE LA MORAL

La práctica usual de caracterización de la derecha y la izquierda consiste en adscribirles -como es obvio- valores diferentes. Resulta casi imposible alejarse de esta recurrencia judicativa a ser considerado mejor que el otro, ya que es consubstancial al quehacer político. Pero tal metodología axiológica no es neutral, debido a que los valores se ordenan jerárquicamente, e inclinarse a favor de unos suele implicar la afirmación de una superioridad o inferioridad con respecto a los de la orientación contraria. Además, cada valor enfrenta a su opuesto y, adjudicar uno positivo sugiere carencias en quien no lo posee. En fin, los valores afectados en este caso son fundamentalmente morales y les es consubstancial la gradación que va desde lo óptimo hasta lo pésimo pasando por lo mejor, lo bueno, lo mediocre, lo malo y lo peor. Suele ocurrir que caracterizar a las corrientes políticas según sus contenidos axiológicos es abandonar la neutralidad para incidir en la diatriba o la loa, ya tácitas, ya expresas.

a) Es un lugar común que el valor predominante de la izquierda sería la igualdad, mientras que en la derecha primaría la jerarquía. Esto es una traslapación de posturas que contraponen otro par de valores, el de la libertad y el del orden.

La igualdad de los individuos humanos no es un ideal, ni siquiera una utopía, es una falsedad puesto que no hay dos hombres idénticos ni biológica, ni intelectual, ni moral, ni técnicamente. Sólo es factible la igualdad de oportunidades; pero este objetivo, que tiende a superar discriminaciones injustificadas y ocasionales, es un lugar común de los programas partidarios. La pretensión izquierdista de encarnar la demanda de igualdad de oportunidades es tan carente de fundamento objetivo como la de monopolizar el calificativo de "progresista", según la antigua retórica soviética. En una arenga o en un artículo partidista tales manipulaciones del lenguaje suelen ser consideradas como corruptelas tolerables; pero a nivel teórico no. La igualdad de oportunidades no la niega nadie. Otra cosa es la dificultad de imponerla a causa de la intrínseca historicidad del individuo humano y la imposibilidad de anular la temporalidad y espacialidad en que se encuentra todo lo materialmente concreto.

Por otro lado, la igualdad de oportunidades no se produce espontáneamente, ha de ser impuesta, y tal decisión requiere un poder, o sea, jerarquía. No sólo no hay contraposición efectiva entre libertad y jerarquía, sino que ésta es condición de aquélla. Y en el fondo aparece la inevitable autoapología. Unos valores son estimados como superiores a otros, y situarse en tal campo suele equivaler a elogio y crítica. El sometimiento a una jerarquía no es inicialmente grato, mientras que la afirmación de la igualdad entraña cierto narcisismo.

Y los datos históricos no corroboran esta interpretación. La primera izquierda propiamente dicha, la de la revolución francesa, no cesó de atribuirse la búsqueda de la igualdad; pero dio lugar a la dictadura de un grupo de los privilegiados jacobinos. Y el presunto salvador de la revolución que se devoraba a si misma, Napoleón, creó la suntuosa aristocracia familiar y militar del Imperio en la Francia metropolitana y en las naciones vencidas: reyes, príncipes, grandes duques, y títulos innumerables. Un abismo de desigualdad separaba al pueblo de las nuevas aristocracias revolucionarias. Similar fue el curso de la revolución soviética: al grito de igualdad se constituyeron, en Rusia y en los países satélites, la "nueva clase" y la "nomenklatura", tan alejadas de las bases como la nobleza zarista. Y al liquidarse la Unión Soviética, esa clase privilegiada ha sobrevivido, aún más enriquecida, gracias al corrupto proceso de privatización de empresas públicas. La potencia que Lenin condenó por explotadora de los trabajadores, los Estados Unidos, ¿no ha engendrado más desigualdad real que la que existía?. Una cosa es lo que se predica y otra lo que efectivamente se hace. Clasificar a los movimientos políticos por sus declaraciones programáticas o sus consignas propagandísticas es un ingenuo criterio nominal, no sociológico ni político.

b) Transportar la oposición derecha-izquierda a los valores de libertad-igualdad tampoco resulta esclarecedor porque ni los datos históricos, ni el análisis teórico confirman tal contraste. La derecha contrarrevolucionaria del siglo XIX era más bien absolutista, mientras que la izquierda era libertaria y enarbolaba, sobre todo, el primer término de la famosa trilogía de 1789.

Tampoco el análisis conceptual confirma el supuesto contraste, porque libertad e igualdad no se oponen: existen liberales igualitarios y no igualitarios, del mismo modo que hay demócratas igualitarios y autoritarios (ejemplo de estos últimos fue el socialismo real). La igualdad es un valor relativo que supone una previa estratificación, mientras que la libertad es un valor absoluto referible a cualquier nivel social; no se oponen, ni excluyen, sino que son compatibles y complementarios.

c) Cruzando el plano ético con el histórico, se ha dicho que la derecha y la izquierda representarían dos actitudes ante la justicia. Aquélla pretendería conservar lo justo ya obtenido, mientras que ésta siempre trataría de avanzar hacia cotas más altas de justicia. Esta interpretación no está respaldada por la experiencia. La izquierda de la revolución francesa empezó aniquilando el orden establecido, lo que desembocó no solamente en anarquía sino -lo que es peor- en injusticias. No fue diferente la revolución soviética. Posiblemente, la meta era más justicia; pero la realidad fue la contraria.

d) Exagerando el panegírico, se ha afirmado que la derecha es el egoísmo interesado y la izquierda el altruismo filantrópico. Pero tal interpretación no es una caracterización, sino una dogmática descalificación de la derecha, ya que el altruismo es socialmente el bien, mientras que el egoísmo es el mal. Un examen sereno de la historia contemporánea de Europa y Latinoamérica no justifica tal demonización partidista. El más elemental balance de nuestro pasado ¿dónde situaría a un supuesto o real Imperio del mal?. ¿En el más o menos derechista Occidente o en el Este, suprema encarnación del izquierdismo?. Creo que sin apasionamientos se lo puede ubicar en ambos lados geográficos, es decir, el mal no es patrimonio de unos, como tampoco lo es el bien.

e) Son falsos los dilemas entre orden y justicia, entre jerarquía y libertad, entre libertad e igualdad, entre conformismo e inconformismo, entre egoísmo y altruismo, como lo son todos los análogos entre tradición y ciencia, entre conservación y progreso, entre individualismo y solidarismo, entre nacionalismo y cosmopolitismo. Esas dicotomías de grandes polisemias no son mutuamente excluyentes, ni coinciden con las derechas y las izquierdas históricas. Más, se apoyan en peticiones de principios morales donde un término es el bueno y el otro el malo. Dos siglos de tal dialéctica han creado conflictos sociales; pero escasa luz lógica. Quizás los demagogos y sus escribas continúen con tales manipulaciones; pero el estudioso debe repudiarías por ideológicas en el peor sentido del vocablo, es decir, por no científicas. Es preciso abandonar la pretensión moralista, atrayente para el activista de barricada y buscar una conceptualización, una distinción objetiva y empírica a la vez, compatible con el dinamismo de una época ya que no histórico universal.

7. IZQUIERDAS Y DERECHAS ANTE EL ESTADO

La definición actual y concreta del Estado viene dada por un ordenamiento jurídico. Sus actores son tanto los funcionarios como la inmensa masa de ciudadanos.

Desde sus inciertos antecedentes, el Estado no ha cesado de complicarse y crecer. En el siglo XX, algunos Estados europeos han llegado a administrar más de la mitad del producto bruto interno. El Estado, identificado por Hobbes (1651) como Leviatán y luego divinizado por Hegel, es una realidad colosal.

El Estado es una figura inseparable del Derecho, y éste requiere coacción. El imperativo y la consiguiente constricción de las libertades individuales es el aspecto negativo del aparato estatal: el orden que impone va acompañado de violencia. Legítima o ilegítima, el Estado entraña necesariamente fuerza. Pero tal coerción resulta -para la mayoría- menos rechazable que el caos y la anarquía, que es la que impone físicamente el más fuerte. La convivencia sin Estado es un ideal lejano, a la par que un imposible para la actual forma social de vida que se han dado los humanos. Es irracional pretender la supresión de las formas políticas de coacción, especialmente de la más evolucionada, que es el Estado. La presencia del Estado es un mal menor que su ausencia, y la razón aconseja aceptarlo con sus reglamentaciones, sus cárceles y sus impuestos, aunque esto no signifique que se intensifique la lucha por reducir su presencia de abusos autoritarios. Los estatistas tienden a presentar como anarquistas a quienes no apoyan la constante hipertrofia del Estado y el progresivo estrechamiento de las áreas de autodeterminación individual. Es un recurso reduccionista y tan rancio como la invención del maniqueísmo.

No es sólo la acuciante alternativa entre vivir en relativa paz o la constante amenaza de rapiña y aún de muerte; es que la prótesis cultural que nos capacita y perfecciona es, en gran parte, fomentada y conservada por el Estado. Ser más o menos humano depende en gran medida del Estado. Hay una correlación entre la calidad estatal y la ciudadanía. La cuestión estriba en el tamaño del Estado.

En la actualidad, las tensiones de las sociedades avanzadas no se producen entre monárquicos y republicanos, confesionales y laicos, presidencialistas y parlamentaristas, sufragistas calificados o universales. Sea cual fuere la real sustancia imperativa de los derechos humanos, nadie discute su formal proclamación y la necesidad de su protección. Tampoco se niega la igualdad de oportunidades o la protección al desvalido. Lo que ahora divide y caracteriza a las izquierdas y a las derechas no son dos valores aparentemente contrapuestos como la libertad y la autoridad, ni siquiera intereses de clase enfrentados como los de la burguesía y el proletariado. La confrontación se produce a lo largo de una dimensión única: la estatalidad y es, por tanto, cuantitativa y, en sí, axiológicamente neutra: más o menos Estado. ¿Qué funciones y en qué medida se pueden privatizar?. Es el debate político por excelencia en las sociedades desarrolladas.

¿Ahorro público o privado?, ¿qué tipo y proporción de empresas estatales?, ¿qué áreas de orden público pueden ser asumidas por entidades particulares?, ¿qué pleitos se substanciarán en tribunales o en despachos de arbitraje?, ¿seguridad social de capitalización personal o de reparto colectivo?, ¿enseñanza estatal o privada?. En suma ¿qué proporción de la renta nacional será administrada por funcionarios públicos?. La izquierda, hasta inicios de la última década del siglo, ha propugnado más Estado, la derecha -en cambio- menos Estado. Esta es la actual polémica objetiva, mensurable y comparable del dualismo terminológico en la política contemporánea.

La preferencia por el tamaño del Estado responde a una teoría que, en primer lugar, puede tener fundamentación empírica. ¿Quién controla más eficazmente al gestor?, ¿el empleado, el propietario, o el burócrata de la administración pública?. Al respecto, la experiencia es ambigua y otorga razones a unos y otros demandantes.

Pero la preferencia por más o menos Estado tiene también una fundamentación pragmática con cierta connotación moral, recibida del socialismo en sus diferentes versiones, sobre todo, del marxismo. Se trata, inicialmente, de la cuestión de la plusvalía, ya que la propiedad pública haría que se revirtiese sobre toda la sociedad y no sólo sobre el propietario de los bienes de producción.

Es también la cuestión de la libertad: cuanto mayor la dimensión del Estado existen menos márgenes individuales de autodeterminación. La creciente fiscalidad es una forma muy severa de opresión porque priva al ciudadano de fracciones de su tiempo, a veces, de más de la mitad; es una variante del trabajo forzado, una esclavitud parcial que suele aplicarse progresivamente, en proporción a la capacidad y laboriosidad de las personas. Cuanto más fracasado e improductivo sea el ciudadano, menos le será confiscado por el Estado que -incluso- le obsequiará con fracciones de lo decomisado a los otros. De ahí que los ciudadanos sean más estatistas cuanto más minusválidos. Es cierto que en la coyuntura actual la derecha postula más libertad concreta; pero ¿acaso sólo para ciertas personas privilegiadas por el previo reparto de la propiedad?. Es el debate sobre las libertades formales y las reales suscitado por el socialismo de cátedra. Para equiparar las dosis individuales de libertad hace falta la violencia redistributiva del Estado, afirman los intervencionistas. Tal acción estatal, sostienen los liberales económicos, reduce el monto total de libertad en la sociedad. La experiencia contemporánea ha dado la razón a estos; pero subsiste la radical correlación: no hay libertad sin algunos recortes a la misma. Se trata de una gradación prudente.

En este debate, durante la primera mitad del siglo XX, la corriente hegemónica fue la izquierdista, ya que no cesó de aumentar el peso económico del Estado y su participación en la administración de la renta nacional, y esto no sólo en los países integrados a su órbita. Pero en la segunda mitad de la centuria se invirtió la tendencia, sobre todo a partir de 1989, año de la "volteada" (Rodriguez Kauth, 1994) del Muro de Berlín y del desastre del socialismo real. Si la derecha actual se caracteriza por postular menos Estado, es obvio que está triunfando a escala universal y que el punto medio de la tensión política se desplaza hacia las privatizaciones, o sea, hacia la derecha.

No debe olvidarse durante el debate acerca del Estado -que a veces llega a la pretensión de su desaparición- la clásica definición que sobre el mismo ofreció M. Weber (1944) cuando dijo que es aquella comunidad humana que dentro de un territorio aspira con éxito al monopolio legítimo de la violencia. Lo cual supone el condicionamiento de las acciones de quienes habitan su espacio con reglas fijadas por él. En definitiva, el Estado es la articulación de un conjunto de normas y la posibilidad de usar la fuerza para obligar a su cumplimiento.

Esta derechización, empíricamente verificable, no significa ni la anárquica negación del Estado que estamos sufriendo en Argentina, ni el rechazo de toda intervención soberana en la vida económica; sólo revela una tendencia con infinidad de posiciones intermedias, y sin duda, reversible. Una distinción tan dinámica, inestable y versátil como ha sido la de la derecha y la de la izquierda políticas hace pretencioso suponer que se ha llegado a un planteamiento definitivo.

La tensión entre mercantilismo y librecambismo es antigua; pero, en los finales de la segunda mitad del siglo XX, el fracaso del socialismo real decidió la alternativa a favor de la iniciativa privada y del libre mercado por parte de grandes masas de electores que han volcado su decisión en esa dirección. Esta es la razón de que los izquierdismos supervivientes, como la llamada socialdemocracia, no cesen de aproximarse a los programas derechistas que se concretan en liberalismo ("neo" o "paleo"), desrregulación y privatización, o sea, amortización de los efectos del moderno izquierdismo intervencionista, inspirado principalmente en Marx y en Keynes.

El izquierdismo estatista se ha quedado sin pensadores y va a remolque de los liberales económicos que han contado con figuras como las de Hayek o Friedman. Los teóricos del izquierdismo han pasado a la erudición o al olvido y, los que se reciclan de neoliberales ocasionales, han dejado de ser intelectual y moralmente respetables en la medida en que pretendan aleccionar desde el oportunismo coyuntural.

La regla de más o menos Estado es independiente de las razones teóricas o prácticas que conduzcan a fijar posiciones concretas. Dado que toda actitud política es moral y entraña una jerarquización de valores, la regla propuesta, en sí misma, es éticamente neutra, puesto que permite situar sin exaltar ni condenar. Existe un segmento, uno de cuyos extremos está ocupado por el totalitarismo (todo en el Estado, nada fuera de él). El otro extremo sería el de supresión del Estado. El carácter continuo de esta línea permite infinitas posibilidades, recíprocamente relativas. Es un criterio geométrico, amplísimo y sin implicaciones axiológicas intrínsecas. La localización clarificadora no supone juicio alguno de valor, salvo el universal e insoslayable de todo conocimiento científico que es la veracidad. El que propugna menos Estado se coloca a la derecha del otro.

¿Qué paralelismo existe entre más o menos Estado y más o menos mercado?. No es la misma contraposición con nombres distintos porque el libre mercado ha de ser garantizado por el Estado frente a los monopolios y otras corruptelas. El mercado libérrimo no coincide con la supresión del Estado, sino con su minimización. Es cierto que más Estado implica más intervención en la sociedad y en la economía, mientras que menos Estado supone menos intervención. En general, a medida que se avanza hacia la izquierda del segmento, se incrementan el volumen y la intensidad de la intervención.

En el presente panorama politológico no se divisa una regla más aséptica, general y circunstancialmente útil para clasificar a las corrientes políticas que la de más o menos Estado.

8. CONCLUSIONES

Las nociones de izquierda y derecha son relativas y -aplicadas en política- sus contenidos han cambiado, incluso polarmente. Los centros son aún más inciertos y movedizos. Los tres sólo pueden ser caracterizados en un tiempo y un espacio.

A las actuales corrientes políticas, sean cuales fueren sus nombres oficiales, sus seudónimos, o denominaciones subliminales, se las sitúa en la línea sustantiva averiguando si propugnan más o menos Estado que sus rivales en lucha por orientar o conquistar el poder. La que aspire a "menos" (privatizaciones y desrregulaciones) se localiza a la derecha de las otras. Esa es la clave del acertijo que hoy se enmascara bajo las retóricas publicitarias.

Lo demás resulta políticamente secundario y, de allí, la general anemia intelectual y ética de la clase gobernante.



BIBLIOGRAFIA



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FALCON, M. I.: "El Psicoanálisis y lo siniestro". Revista Intercontinental de Psicoanálisis Contemporáneo, (México), Vol. 2, N° 1, 1997.

FERRATER MORA, J.: Diccionario de Filosofía. Editorial Sudamericana, Bs. Aires, 1971.

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MARX, C.: (1847) Miseria de la Filosofía. Ed. El Quijote, Bs. Aires, 1946.

MARX, C.: (1847) La Ideología alemana. Editorial Pueblos Unidos, Montevideo, 1958.

RODRIGUEZ KAUTH, A.: Psicología de la Hipocresía. Ed. Almagesto, Bs. Aires, 1993.

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SCHMITT, C.: (1932) El Concepto de lo Político. Ed. Folios, Bs. Aires, 1985.

sábado, 17 de noviembre de 2012

El Zulia



PROGRAMA CURRICULAR PARA UNA ESCUELA DE CIUDADANÍA PARA EL ESTADO ZULIA.

Carlos TORRES GEISSE
Sociólogo (LUZ, Venezuela)
Universidad del Zulia
Maestrante del Programa de Desarrollo Social
e-mail: carlos_geisse@hotmail.com
  
Torres Geisse, Carlos E. Programa Curricular para una Escuela de Ciudadanía para el Estado Zulia. Trabajo Realizado para Aprobar la Cátedra de Pasantías de la Escuela de Sociología. Universidad del Zulia. Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Escuela de Sociología. Maracaibo- Venezuela. 16 Pág.

Resumen

La vida en sociedad requiere cada vez más y mayor organización, debido a que se enfrenta en la actualidad a un mundo pluripolar que presenta desafíos y exigencias, por lo cual la reconversión de la sociedad debe venir de la educación asistida. Los autores base para la actualización y rediseño fueron básicamente los trabajos de Benavides, Ernesto (México), la constitución de la República Bolivariana de Venezuela y el Plan Prospectivo de la Secretaria de Cultura del Estado Zulia.  En este trabajo se utilizo como base una propuesta hecha por la Secretaría de Cultura de la Gobernación del Zulia en el marco de modernización coordinada por su Dirección Académica y la Fundación de Estado para la modernización de la Administración Pública. Se realizo una revisión documental de tipo analítica-descriptiva y se generó un marco conceptual de tipo legal, amparado en las exigencias del desarrollo social endógeno de la República Bolivariana de Venezuela. El resultado de la investigación fue un Programa Curricular para una Escuela de Ciudadanía para el Estado Zulia

Palabras Clave: Ciudadanía, Modernización, sociedad, exigencias, desafíos.

ESCUELA DE CIUDADANIA.

Introducción Preliminar:
                                                                                                                       
     El paradigma de la vida cotidiana, desde el punto de vista de la Secretaria de Cultura, parte de la idea de que todos somos productores de objetos culturales; el cual todos sus miembro ineludiblemente cooperamos con el mundo exterior para imaginarlo, crearlo, experimentarlo, evaluarlo, criticarlo y modificarlo según las necesidades de su propia realidad.

     De allí, se cree que una acción o una conducta simple, es la célula fundamental de un comportamiento más complejo y definido como patologías de mal o de bien, debido a que son producidas como procesos de concienciación y aprendizaje por parte de los individuos de una sociedad determinada. Por ello, lo que aquí se trata, es de introducir la idea de que la delincuencia, la corrupción, así como otras patologías malignas presente en nuestra sociedad son serias amenazas al desarrollo económico, a la gobernabilidad democrática, a la moralidad, al bienestar y al progreso ciudadano.

     Por las razones anteriores, es necesaria e imprescindible la promoción de la cultura ciudadana, y el desarrollo de técnicas de resistencias a las patologías malignas que presenta nuestra sociedad en general y en particular la ciudadanía Zuliana.

     Partiendo de este análisis se formula y fundamenta la creación de una escuela de ciudadanía que lleva como programa piloto un sistema de unidades curriculares integradoras a los planes y estudios comunitarios en el área de formación Ciudadana y que a su vez se fundamenta en cuatro secciones: (Valores Morales, Éticos y Cívicos), (Cultura Comunitaria), (Deberes y Derechos Individuales y Socio-Comunitarios), (Comunidades Responsables). Todo esto basado en una misión, visión y metas altamente post-moderna y de vanguardia.  

     MISIÓN:

     La Escuela de Ciudadanía es la instancia educativa adscrita a la Secretaria de Cultura del Estado Zulia, encargada de la formación y capacitación de ciudadanos aptos de conocer sus derechos y deberes, desde la premisa del concepto de cultura comunitaria, comprendida como aquella que es creada y desarrollada por las personas y las comunidades mismas a partir de su contexto vital, y que está destinada a asegurarles una vida (desarrollada) en comunión con toda la realidad de su entorno, así como a partir de una vida fundamentada en lo que son los valores morales, éticos y cívicos de las personas y las comunidades responsables, en sus aspiraciones, concepciones de la vida, sus visiones del mundo, sus conocimientos y sus saberes, para lograr una vida digna, sana, plena y sustentable.

     VISIÓN:

      La escuela de ciudadanía de la Secretaria de Cultura, adopta “La cohesión Social”  partiendo  del campo  cultural , como elemento transformador de la dimensión socio-comunitaria, en donde el sentido de pertenencia por lo local y su diversidad tanto en lo sociológico, etnológico, así como en lo filosófico, es el eslabón constituyente del nuevo y requerido ciudadano que co-habita en espacios compartidos y de participación democrática, los cuales son los que permiten rescatar, fomentar y/o fortalecer fundamentalmente la identidad local, regional y nacional con el compromiso social y el pluralismo cultural hacia la adhesión cívica y comunal.

     METAS:

     La Secretaria de Cultura de la Gobernación del Zulia, propone como meta, la vinculación entre la institución (ella misma), con la comunidad para la formación de ciudadanos comprometidos socialmente en su actuar cotidiano; contribuir con el plan de acción del ministerio de Educación de (1995) el cual dicho plan de acción es considerado como un instrumento de democratización, progreso y modernización; contribuir de manera medible en la mejora de las condiciones de vida de las comunidades de escasos recursos; adecuarse con la estructura educacional de la Ley Orgánica de Educación en general y en especifico en sus art. 3, 21 y 78, para la formación de promotores y educadores y Docentes en el área de conciencia ciudadana y gestión cultural, además establece como propósito lo que manifiesta en el nivel operativo del capítulo dos de la descripción de las unidades departamentales de la secretaria de cultura el cual reza:

Capacitar en el área histórica cultural a la población que asiste a los planteles educativos del estado a través de jornadas, conferencias, talleres, y charlas, a fin de ampliar conocimientos y estimular la participación.”

     Y que a su vez tiene como función, “Impartir conocimientos en el área histórico cultural; Crear conciencia a través de jornadas y charlas del sentido de pertenencia sobre el patrimonio histórico cultural; Proyectar la escuela hacia la comunidad, a través de actividades culturales; Realizar trámites para la realización de catálogos; Programar, dirigir y realizar charlas y visitas guiadas, con los alumnos de la comunidad a los distintos sitios históricos patrimoniales del Estado; Recopilar información en el área histórico cultural; Brindar asesorías; Elaborar y distribuir material informativo sobre la escuela y los servicios que ofrece; Ejecutar las demás funciones que le sean asignadas por la Dirección de Formación Académica.”(Manual de Organización 2008) También, establecer como lineamientos de las metas de la escuela de ciudadanía las Dimensiones (A y B) de la Política Cultural Comunitaria propuesta por el equipo de trabajo de la Dirección General de Servicios Culturales Comunitarios. El cual se describe a continuación:

     DIMENSIONES:

     A.- Filosófica:

     Partiendo  del Modelo en  construcción de un Estado de Justicia y Derecho Social, enmarcado  en el Plan Nacional de Desarrollo Social Integral soportado a nivel jurídico con una concepción humanista del Estado y formulado en nueve principios fundamentales: Integración Social, Corresponsabilidad, Participación Social, Cohesión Social, Ciudadanización, Progresividad, Intersectorialidad, La Familia y el Desarrollo Sustentable.

     La nueva Constitución establece en el capítulo VI: “De los Derechos Culturales y Educativos”.  Articulo 98. “La creación cultural es libre. Esta libertad comprende el derecho a la inversión, producción y divulgación de la obra  creativa, científica, tecnológica y humanística, incluyendo la protección legal de los derechos del autor o de la autora sobre sus obras. El Estado reconocerá y protegerá la propiedad intelectual sobre las obras científicas, literarias y artísticas, invenciones, innovaciones, denominaciones, patentes, marcas y lemas de acuerdo con las condiciones y excepciones que establezcan la ley y los tratados internacionales suscritos y ratificados por la República en esta materia.

     Artículo 99. “Los valores de la cultura constituyen un bien irrenunciable del pueblo venezolano y un derecho fundamental que el Estado fomentará y garantizará, procurando las condiciones, instrumentos legales, medios y presupuestos necesarios”. Igualmente,  el CONAC (2001) entiende  la cultura como:
            
     “La manifestación de la creatividad, la energía generativa de lo humano expresadas en las artes del hacer, la invención, la expresión, cualquiera que sea su modalidad, merito o destino, en función de la diversidad, del bienestar y riqueza de la vida, desarrollo social, el mejoramiento de la educación, el equilibrio ecológico y  territorial”. 
     
     Para abordar la política cultural a nivel del Estado Zulia se debe considerar el marco legal y los lineamientos de la política nacional, pero también contextualizar la relación entre CULTURA- DESARROLLO SOCIO CULTURAL. Entendiendo que la sociedad zuliana en su construcción histórica, política, cultural, económica y religiosa ha estado inmersa en un aceleramiento, Producto de las relaciones internacionales, la cultura petrolera, el comercio exportador, las relaciones sociales, modos de vida, Organización social, diversidad cultural, producto del carácter Multicultural, pluricultural y Multilingüe, elementos que se entrelazan y conforman la Zulianidad como expresión afectiva de la identidad regional y local.

     Según, (Febregat 1993) la Cultura entendida como una forma común de pensar organizando a una sociedad determinada para producir acciones eficaces en lo material y lo espiritual, nos coloca cara de una visualización de la cultura como:

     1. Información: traspaso y manejo de mensajes, las formas de ejecución de las prácticas son relaciones en el tiempo (generacionales) y en el espacio (localidades) en donde los sujetos realizan su vida.
     2. Conocimiento: Los saberes, las clasificaciones, el aprendizaje, son atributos culturales.
     3. Conducta: porque impele al individuo a la actuación a lo grupal, y es en lo conductual donde es reconocido.
     4. Afectiva: Porque genera sentimientos y afecta, las capacidades de generar amor y rechazo.          
     5. Valórica: Constituye el soporte que regula la forma que asumen las prácticas sociales.
     6. Vinculante: Es en ella donde el individuo otorga sentido a su vida social, donde asigna significación a lo económico, político, a lo ecológico, etc.

     De la misma manera, Edgard Morin (2000) define la cultura ubicándola en tres ejes como son:

v    Hay un sentido antropológico; según el cual la cultura se opone a la naturaleza y engloba por tanto todo lo que no indica comportamiento innato y se confunde con todo lo que es propiamente humano. Otra definición antropológica la remite a todo lo que está provisto de significación, comenzando por el lenguaje. Estos sentidos, siendo ciertos, son generales y parciales.
v    Hay un sentido etnográfico; según el cual lo cultural se opondría a lo tecnológico y reagruparía creencias, ritos, normas, valores, modelos de comportamiento. Lo cual siendo cierto es residual.
v    El sentido sociológico; es todavía más residual, recuperando los desechos no asimilables por las teorías económicas, demográficas, sociológicas, engloba el dominio psico-afectivo e incluso lo que se denomina cultura cultivada. Esta concepción es, además de residual, fuertemente valorativa: “lo cultivado se opone ética y elitistamente  a lo inculto”.

     Señala que la “cultura es un sistema que hace comunicar, dialectizando, una experiencia existencial y un saber constituido, a través de códigos y patrones, supone a su vez pensar la sociedad como un espacio que existen en constante movimiento y que es factible a ser transformada”.

     En tal sentido, la cultura abordada desde lo gubernamental  debe ser vista como un proceso integral y holístico , donde se incluya el quehacer del hombre en el ámbito social, informativo, educativo, en sus potencialidades económicas, sociales y democráticas por medio de la formación, la investigación, la promoción y la divulgación del conocimiento, la animación socio- cultural, no solo en el campo de las disciplinas artísticas, sino partiendo  de las propias prácticas cotidianas de vida, ya que las prácticas sociales tienen una dimensión cultural, puesto que nuestros comportamientos y conducta están cargados de significados y significaciones socio culturales.
    
     El nuevo modelo de desarrollo socio cultural, emprendido por la Secretaria de Cultura, a través de  la Dirección General de Servicios Culturales Comunitarios, incluirá en las prácticas de trabajo  las áreas de salud, lo social, la ecología, los modos de producción social y artesanal, la organización social, el capital social, el ambiente, la recreación y el deporte como formas y ejes fundamentales y transversales del desarrollo cultural local,  regional y nacional, abordadas desde la comunidad, para la comunidad  y en la  comunidad.

     B.- Política:

     Partiendo del diagnóstico cultural que realizó el Consejo Nacional de la Cultural (2004-2005), donde se involucro a todo el  Estado Zulia para la detección de necesidades y problemas en materia cultural, en el ámbito del Desarrollo cultural, Educación y Desarrollo Comunitario se detectó lo siguiente:

v Poca formación de los Docentes en el área cultural y ciudadana.
v Poca aplicación de los programas de formación e investigación de identidad local y regional en las escuelas.
v  Ausencias de programas interculturales bilingües en el Proyecto Pedagógico de Aula y Plantel.
v Carencia de material didáctico que difundan los valores culturales y ciudadanos.
v Escaso equipamiento de materiales para la creación cultural en los planteles.
v Débil vinculación del sector educativo con el sector comunitario.
v Falta de promoción de festivales interinstitucionales e intercolegiales.
v Ausencia en el sistema de Educación formal asignaturas vinculadas al patrimonio regional.

     En el área del Desarrollo Cultural Comunitario tenemos:

v Escasa organización y participación en las comunidades rurales y urbanas.
v Debilidad en el diálogo interétnico y en el fortalecimiento de la cultura de los pueblos indígenas.
v Falta de asesoría y promoción al movimiento comunitario para acceder a proyectos de financiamiento.
v Escasa formación socio cultural de grupos juveniles como estrategia para el rescate y protección de espacios comunitarios y de encuentros.
v Ausencia de registros y diagnósticos actualizados de comunidades organizadas, personajes locales y valores comunitarios.

     Para darle respuesta a esta situación problema, la Secretaría de Cultura emprendió algunos proyectos de carácter formativo y de promoción cultural desde el año dos mil dos que hoy en día ameritan ser fortalecidos, tomando en consideración algunos principios básicos y líneas de lo que debería ser la política cultural Regional (Plan prospectivo Zulia Tercer Milenio, año 2001), estas líneas las podemos señalar a continuación:

     C.-Principios:

1.      Fortalecimiento de la Democracia y la Libertad Cultural: La Democracia Cultural es una forma del ejercicio de la democracia política, de allí que    visualicemos la cultura como bien y como servicio, no solo que llegue a todos los ciudadanos sino que también sea hecha por todos los ciudadanos, en tanto que ellos y las comunidades  son los verdaderos hacedores de Cultura.

     La libertad de creación no sólo es un enunciado declarativo, sino que debe ser una condición real de existencia de nuestros pueblos y comunidades, donde el Estado reconoce la autonomía del sector cultural como creador.
Tres líneas deben nutrir este señalamiento inicial: garantizar la libertad de creación cultural y brindarle protección social al creador y trabajador cultural, en segundo lugar desarrollar un sólido e integrado sistema de diálogos e intercambio cultural entre todas las sub-regiones y etnias de la región, y por último propiciar los canales de la participación ciudadana efectiva en el manejo de los programas culturales.
Un segundo principio básico lo constituye el postulado de:

2.      Convertir el hecho cultural en instrumento clave de la transformación y desarrollo ciudadano: La cultura es uno de los componentes de la calidad de vida. La calidad de vida está compuesta por unas series de elementos tangibles e intangibles que se interrelacionan: económicos, sociales, ecológicos, culturales, se debe lograr la transformación productiva mediante el fortalecimiento de la identidad cultural de la población, considerando que una identidad sólida y valores ciudadanos positivos constituyen los elementos dinamizadores del desarrollo. Los planes y acciones tendientes al desarrollo regional deben considerar en igualdad de importancia las variables económicas como las culturales, puesto que definir el modelo de desarrollo que se pretende adoptar, pasa por observar la especificidad cultural de nuestra región y del país.

     Tres acciones encajan en este segundo principio básico: propiciar  que la política cultural sea considerada una acción decisiva para el Gobierno Regional, integrar el sistema educativo, los medios de comunicación y el sector cultural en líneas maestras del desarrollo regional, y promover la práctica de los valores positivos que favorezcan el desarrollo sustentable en una sociedad creativa.
    
       El tercer principio básico lo constituye el:

3.    Crear las condiciones para la producción, circulación y consumo de bienes y servicios culturales a toda la población: Este tercer principio comprende toda la estrategia que tendría que ver con tres consideraciones fundamentales:
Crear las condiciones para el desarrollo de las potencialidades creadoras de la población y de sus procesos identitarios, garantizar el acceso al conocimiento que permita la creación y apropiación del hecho estético por parte de la mayoría de la población, y desarrollar a plenitud un marco institucional que garantice el desarrollo cultural y los mecanismos no institucionales que lo hagan posible.

       El cuarto principio tiene que ver con la:

4.      Descentralización, Municipalización, Participación Ciudadana y el   Capital Social: En este sentido, a través de la acción del Estado se debe redistribuir de manera ordenada y sistemática los servicios culturales, donde la mayor parte de la población participen como sujeto activo en la construcción de su destino colectivo en los procesos socios culturales, ya que son ellos los verdaderos hacedores de cultura.

     La Cultura y el Capital Social hoy en día cobra una gran importancia y relevancia en el tema de las políticas públicas, lo cual implica mayor participación para la sociedad civil, también apunta hacia los principios de la democratización y el darle un espacio y peso preponderante a la sociedad civil en involucrarse en la toma de decisiones en la gestión de la economía y del Estado.
        
     El Capital Social pone en relieve los impactos que pueden generarse producto de su activación y aplicación, despertando la confianza entre los individuos, cooperación, coordinación, resolución de conflictos, movilización y gestión de recursos comunitarios y locales, reconocimiento y legitimación de los lideres en el ámbito micro social, generación de ámbitos de trabajo y la producción de bienes públicos en el campo ciudadano, socio-comunitario y artístico- cultural.

     Modelo Curricular:

Ø     Destinatarios:

     En este sistema curricular podrán participar quienes tengan experiencia en el campo de formación ciudadana, como lo son los Sociólogos, Trabajadores Sociales, así como también todo aquel que esté formado en el área de conocimiento de Ciencia Social.

     La modalidad que se ofrece son:

     A.- Diplomado en Formación Ciudadana para el participante que posea titulo en Sociología o como Trabajador Social.

     B.- Certificación como promotor integral en los Procesos de Formación Ciudadana para el participante que no cumple con los requisito anteriores, pero que tiene experiencia demostrable en campo del conocimiento en por lo menos dos (2) años consecutivo.

Ø    Objetivos Generales:

§     Contribuir con la profesionalización de quienes participan en la formación social y ciudadana del país. Formándolos en  ámbitos de sistemas y organización comunal, responsabilidad social, conciencia y ética ciudadana y familiarizándolos con términos como la cotidianidad, el progreso y la modernidad.

§     Generar mecanismos de comunicación, diálogos y de enseñanza-aprendizaje, haciendo confluir visiones académicas de profesionales de alto nivel, con el fin de enriquecer los conceptos y las practicas en la formación de los participantes.

Ø    Objetivos Especifico:

§     Brindar fundamentos históricos, teóricos, metodológicos y prácticos que les permita a los participantes elevar sus elementos de conocimiento y de trabajo a un nivel de excelencia con respecto a su labor de formador cívico y de capital social.

§     Analizar conceptos, tendencias y retos en la formación ciudadana y su aplicación en los diferentes ámbitos. Así como manejar, comprender y desarrollar la diversidad social, etnológica, filosófica y política, en el marco global como se presenta en nuestra sociedad.

Ø    Perfil del Egresado:

     Al término del programa los egresados serán capaces de:

§     Sustentar conceptualmente sus proyectos de formación ciudadana cohesión social e identidad comunitaria.
§     Diseñar, planear, realizar y evaluar proyectos de formación ciudadana de responsabilidad social y de diversidad y pluralismo cultural, social y político.
§     Enseñar, capacitar y orientar a los ciudadanos, dictando talleres, foros y charlas comunitarias de una forma académica y de alto valor cívico.
§     Establecer procedimientos metodológicos para un conocimiento critico y analítico de su entorno social ciudadano.
§     Entender los vínculos e impactos que sufren las personas en los procesos ciudadanos en la búsqueda de cohesión, identidad, compromiso, seguridad, organización, pluralismo y participación ciudadana y socio-comunitaria.

Ø  Unidades Crédito y Duración:

El programa está diseñado para una duración de tres (3) trimestre para optar al Diplomado en Formación Ciudadana y dos (2) trimestre para la optar a la certificación como promotor integral en los Procesos de Formación Ciudadana.  El plan cuenta con un total de 90 unidades crédito para la primera opción y 60 unidades crédito para la segunda opción.

Ø Plan de Estudio:

1
2
3
4
5
6
7
8
9
U/C
Historia Cultural y ciudadana Regional y de Venezuela
7 U/C
Estadística aplicada a las comunidades
8 U/C
Responsabilidad Social, Ecología y Educación Ambiental
9 U/C
Teoría Social Contemporánea
10 U/C
Teoría Política
10 U/C
Planificación en los procesos de enseñanza y aprendizaje
10 U/C
Metodología
de Invest.
Cuantitativa
Y Cualitativa
10 U/C
Planificación Preparación y Evaluación de proyectos Comunitarios
12 U/C
Proyecto de Investigación
14 U/C
90
Historia Cultural y ciudadana Regional y de Venezuela
7 U/C
Responsabilidad Social, Ecología y Educación Ambiental
8 U/C
Teoría Social Contemporánea
9 U/C
Metodología
de Invest.
Cuantitativa
Y Cualitativa
8 U/C
Preparación y Evaluación de proyectos Comunitarios
9 U/C
Proyecto de Investigación
1
9 U/C
Proyecto de Investigación
2
10 U/C


60

Discusión de los resultados.

     La presente investigación no presenta discusión de resultado ya que no se aplico ningún instrumento. Sin embargo, la categoría de análisis que se implemento en esta investigación se basó en el objetivo general de diseñar el sistema curricular de una escuela de ciudadanía para el Estado Zulia y sus objetivos específicos.

      En especifico, establecer los parámetros exactos para la implementación de una visión, misión, metas y unas dimensiones que permitiera el diseño acorde con la realidad legal, política y social del Estado Zulia. Cabe mencionar que el diseño no ha sido aplicado a ninguna comunidad, esto quiere decir que no posee resultados prácticos-empíricos.

A Manera de Reflexión.

     Esta propuesta se realizó con la finalidad de modernizar y optimizar una propuesta hecha a la Secretaría de Cultura de la Gobernación del Zulia por parte de la Dirección Académica de esa misma entidad, así como también con la Fundación de Estado para la Modernización de las Administración Públicas. Por lo cual en colaboración con la Escuela de Sociología de la Universidad del Zulia, se desarrolló en la modalidad de Pasantía el Programa Curricular para una Escuela de Ciudadanía para el Estado Zulia.  Dicha propuesta será presentada en la Alcaldía de Maracaibo a final del 2011  con la finalidad de atender al llamado de la institución.

     La finalidad real de la propuesta es generar ciudadano mas responsables y comprometido con sus propias realidades, donde de manera organizada y planificada cuenten con un marco epistémico que les permitan generar proyectos vinculantes con sus comunidades, donde se respeten los valores, se promueva la cultura y se atiendan las necesidades que presenten sus realidades comunitarias.

Bibliografía

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·           Gregoria Salas; Equipo de Trabajo de la Dirección Casas y Centros de Cultura, Lic. Gisela Vázquez, mg.sc. Cecilia Salas, Equipo de Trabajo de la Dirección Programación y Animación Socio Cultural Br. Jesús Materan, Equipo de Trabajo de la Dirección de Arte y Artesanía Maracaibo. Propuesta Dirección General de servicios, República Bolivariana de Venezuela Gobernación del estado Zulia Secretaría de Cultura del Estado Zulia Dirección General de Servicios Culturales Comunitarios. julio 2007. Maracaibo.
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